Anécdota viajera de miedo: dulces sueños en la habitación 310.

Cuando transformas los viajes en aventuras, siempre tendrás algo que contar a la vuelta. Tengo al menos una historia en cada espacio en el que he estado, la mayoría de ellas, buenas. La que están a punto de leer, no obstante, escaló en cuestión de días y terminó transformándose en una situación angustiante. Por fortuna, mis dotes de actriz (esos que no sabía que tenía) y la escucha de mis amigas me rescataron y hoy aquí estoy, sin nada que lamentar.

Si siguieron mi bitácora de viaje por insta, sabían que viajé de vuelta desde Islandia a NY el domingo 31 de Julio. Tomé el vuelo a las 5 de la tarde, y la magia horaria hizo lo suyo, llegando a NY a las 7 de la tarde, pese a que el vuelo fue de 6 horas y algo, jaja. Podría haber tomado un taxi del aeropuerto al hostel en el que me quedaría, pero como soy rata, tomé el metro y terminé haciendo el check-in casi a las 11 pm.

Me asignaron la litera B en la habitación 310. Era un cuarto para cuatro personas, con solo una cama ocupada: la A, justo abajo mío. Quien la ocupaba era una señora que parecía rondar los 70, de pelo rubio cortito y nacionalidad Italiana.

De buenas a primeras, nos llevamos muy bien. En volá de planes irreales, me estaba preparando para ir al cine, pero ella me bajó a tierra. Domingo pasadas las 11:20 pm… ni siquiera en la ciudad que nunca duerme, mi ciela haha. Entonces me relajé un rato y charlamos:

Angelina -no es su nombre real- me contó que había llegado unos días antes a NY por un asunto personal, pese que había vivido allí durante un tiempo. El taxista al hostel le había robado su maleta de bodega, dejándola solamente con el equipaje de mano, y una cartera. Más que las cosas que llevaba al interior de la maleta, lo que le molestó más fue haber perdido la maleta en sí, puesto que la había enviado a diseñar.

Y en efecto, estimades, la maleta de mano se veía bastante carita. Recuerdo que en ese momento me pareció extraño que teniendo dinero (que era lo más probable), estuviera compartiendo habitación con otras 3 mujeres más, pero hey, la vida se vive una vez y las aventuras hay que buscarlas.

Tras ese breve intercambio salí de mi cuarto, la vida ocurrió y terminé paseando por Times Square con unas cabras bakanes y llegando de vuelta al hostel la madrugada del 1 de Agosto. Entré de puntillas a mi cuarto. Subí a mi cama tratando de hacer el menor ruido posible, y me acosté. Entonces, algo que en ese momento desestimé por irreal ocurrió. ¿Curiosidad? sigue leyendo, que cuando termine esta historia todo tendrá sentido.

Lunes 1 de Agosto: me desperté temprano y cagá de sueño. Había dormido con suerte 4 horas y tenía pensado hacer mil y una cosas, pero antes, debía hacer la lavación de ropa. Entre que entraba y salía de la habitación, Angelina y yo charlamos otro poco. Me preguntó por Chile: principalmente la cantidad de dinero que necesitabas para vivir cómodamente allá. También salió el tema de mi vuelta; información inofensiva, pensé en ese momento: cuando me devolvía, y la aerolínea. Luego, me comentó que la verdadera razón por la que estaba en NY era porque había asistido al funeral de su hija. Como madre, nunca se está preparada para la muerte de una hija, y eso la tenía sumida en la tristeza. Le propuse salir Central Park a caminar (estábamos a 3 cuadras), pero me dijo que no podía, y que necesitaba estar siempre dentro de este cuarto.

Cuando terminó de secarse mi ropa, guardé y salí. No la vi más hasta ese mismo día en la noche, pero sus ademanes y sus últimos comentarios empezaron a inquietarme.

En la noche llegué directo a bañarme y a dormir. Estaba raja. Había pasado días intensamente preciosos, pero de poco sueño en Islandia, y la noche anterior tampoco había dormido mucho que digamos. Pese a eso, cruzamos un par de palabras, y esas terminaron por inquietarme:

Angelina me había comprado once- la cual decliné con bastante decencia según yo, y en ese intento de obligarme a comer con ella, me suelta que tenía que ayudarla a comprar pasajes a Chile la mañana siguiente. Angelina tenía una pensión de viudez bastante abultada, y dado que Chile era económico para su bolsillo, pensaba irse a vivir allá. Para salir del paso, le dije que sí, y me acosté. Mientras nos quedábamos dormidas, la escuché decirme, desde su cama:

Carla, por favor no me abandones. Estoy sola en esta vida.

La mañana del 2 de Agosto sonó mi alarma a las 6 am. Me bañé y salí lo más rápido que pude. Quise evitarla a toda costa, más sabía que en la tarde debía verla, puesto que tenía que aprontar mis maletas para volver a Chile el día siguiente. Y así fue. Cuando llegué de vuelta a nuestro cuarto, Angelina me pseudo retó. Según ella, me había estado esperando para comprar los pasajes a Chile. Luego se suavizó y reajustó sus planes, puesto que, aun podíamos hacerlo mañana en la mañana, cuando recibiera su pensión. Cuando le comenté que me iba al día siguiente en la mañana, y entró en pánico: yo le había mentido diciéndole que viajaba el jueves, cuando en realidad viajaba el miércoles. Según ella, también la quería abandonar, así como la habían abandonado todos sus amigos y amigas después de la muerte de su esposo, quien había sido asesinado.

Así es gente. En medio de un relato desesperado, me confidenció que su marido había sido asesinado por la mafia italiana, quienes estaban en busca de todas sus posesiones, y dado que ella era ahora la única heredera viva, la asesinarían también para apoderarse de todo. Por eso, a pesar de la plata que tenía, permanecía encerrada en un cuarto de hostel barato. Nadie nunca la buscaría allí. Y Chile se perfilaba como su mejor opción, puesto que la mafia italiana, según sus propias palabras, no tenía alcance allí. Pero debía escapar lo antes posible, si no quería acabar envenenada como su marido. Ella había hablado con la policía italiana, y les había contado todo. La muerte de su esposo no fue accidental, pero nadie le creyó porque el análisis toxicológico no arrojó ninguna sustancia extraña.

Y entre todo ese caos que me estaba vomitando, atiné a sentarme en el piso frente a ella, tratando de centrarme, y recordé el evento de la madrugada del primero de agosto. Lo que estaba pasando era una confirmación de que no me había inventado nada. En ese estado de semi consciencia aquella madrugada, sentí como ella trepó a mi camarote para verificar si estaba realmente dormida. Y ese actuar encajaba ahora con parte de su discurso: me veía como una nieta. Esa nieta que nunca tuvo, porque su hija- quien se había matado de una sobredosis días atrás- jamás había querido darle uno.

Ahora ella me urgía a ayudarla. Me suplicaba que no la dejara sola. Juntas podíamos empezar una nueva vida en Chile. Ella tenía plata, y podía mantenerme, a mi y a mi hija de ser necesario.

En fin, mientras ella me hablaba, texteé rápidamente a dos amigas a las que les había contado brevemente sobre la señora Angelina. Ellas me recomendaron salir de allí, y eso fue lo que hice. Fingí un ataque de ansiedad, en el que Angelina tuvo que ayudarme a calmarme (la situación absurda pos), y luego salí corriendo al baño, procurando tener todas mis cosas de valor en mi poder, las que había ido recolectando de a poco, conforme se había ido dando esta charla. En el baño me relajé un poco más, y apenas tuve la oportunidad, bajé a hablar con alguien de recepción, que a su vez, me derivó a otro alguien, y en cuestión de minutos, estaba procesado mi cambio de habitación.

Cuento corto: me cambiaron a otra ala del hostel, pero le dijimos a Angelina que me iba del hostel. Le dije que tenía una hija, y que valoraba mucho mi vida como para verme involucrada con la mafia. Que por favor me perdonara, pero que necesitaba salir de ahí. Y me fui.

Nunca pensé que algo así me iba a pasar. Esto es por lejos lo más bizarro que me ha ocurrido, y me tuvo preocupada hasta el miércoles en la noche, cuando incluso creí haberla visto en el aeropuerto. Me dio pena, real que sí, haberla dejado sola allí, pero ésto era algo de lo que yo no podía hacerme cargo en estos momentos. En otras circunstancias, con más tiempo disponible, la hubiese apañado (quienes me conocen saben que sí)

En fin, espero no haberles aburrido con esta historia. Ahora les toca a ustedes, ¿Qué es lo más bizarro o que les ha ocurrido durante algún viaje?

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